Entre la inversión y la desigualdad
Tras el fin de la reciente paralización indígena, el economista Alberto Acosta Burneo analizó los efectos económicos del paro y los retos que enfrenta el país. A su juicio, la movilización fue “local y desorganizada”, distinta a las de 2019 o 2022, y dejó ver una marcada división en el movimiento indígena. Estimó pérdidas por 70 millones de dólares en Imbabura, aunque consideró que el impacto nacional fue limitado porque la producción petrolera y las exportaciones continuaron con normalidad.
Acosta sostuvo que el país mantiene una tendencia de recuperación y que el paro no detendrá ese proceso. “La economía sigue creciendo, pero el desafío del Gobierno es transformar este rebote en un crecimiento sostenible a largo plazo”, señaló. El economista considera que la estabilidad solo será posible si el país cambia sus reglas de juego económicas.
Sobre la consulta popular y la posible Asamblea Constituyente, Acosta planteó la necesidad de una nueva Constitución que garantice la libertad de empresa, la seguridad jurídica y la igualdad entre inversionistas nacionales y extranjeros. Según dijo, el texto actual responde al “socialismo del siglo XXI” y ha generado incertidumbre. Propuso eliminar los monopolios estatales en sectores estratégicos como petróleo, electricidad, minería y telecomunicaciones.
No obstante, su visión liberal ha generado debate. Varios sectores advierten que reducir el papel del Estado podría acentuar la desigualdad y debilitar el control sobre recursos estratégicos. El modelo peruano, citado por Acosta como ejemplo, ha atraído inversión, pero también ha provocado conflictos sociales y ambientales que ponen en duda su sostenibilidad.
El economista también señaló que el crecimiento del 4% y la baja del riesgo país a menos de 800 puntos son señales positivas, aunque reconoció que siete de cada diez ecuatorianos trabajan en la informalidad. Para él, la inversión productiva es el motor de la riqueza: “Sin capital no hay empleo ni ingresos fiscales para salud o educación”.
Sin embargo, ese crecimiento aún no se refleja en la vida cotidiana de la mayoría. Aunque las ventas y las afiliaciones al Seguro Social aumentan, la desigualdad y la precariedad laboral siguen siendo profundas, sobre todo en el campo y entre los jóvenes. El propio Acosta admite que el país está lejos de alcanzar un desarrollo sostenido.
Sus planteamientos reavivan el debate sobre el modelo económico que necesita el Ecuador. De un lado, el estatismo muestra signos de agotamiento; del otro, el liberalismo genera dudas por sus efectos sociales. El desafío, señalan expertos, es construir un equilibrio entre eficiencia económica y justicia social.
Más allá del riesgo país o las cifras macroeconómicas, el verdadero reto será convertir el crecimiento en bienestar, con empleo digno, servicios públicos de calidad y oportunidades para todos. Ese es, según analistas, el punto en el que se medirá el éxito o el fracaso de cualquier nueva Constitución.
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