Una corte sin miedo al ridículo

Da grima ver a una candidata, especulando con su elección por el argumento de ser la mejor calificada, pero dejando, cuando se le pregunta si es la más antigua, la cuestión en manos del departamento de Talento Humano

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Ya solo falta que al nuevo presidente de la Corte Nacional de Justicia, cuya elección se encuentra trabada en una selva oscura de tinterilladas, lo termine nombrando la Corte Constitucional.

No sería un desenlace inverosímil, ¿verdad? Nada lo es en esta república de audaces. Ya que nadie se ha puesto de acuerdo en los procedimientos para elegir al sucesor de Iván Saquicela, lo más seguro es que el candidato que resulte derrotado, que podría ser Saquicela mismo, termine armado de una batería de argumentos legales, lo bastante contundente, como para disputar la constitucionalidad de la elección en el tribunal correspondiente.

Al fin y al cabo, a la Corte Constitucional nomás falta pedirle que gobierne, si no se le ha pedido ya. La Corte Constitucional, resolviendo el lío de la Corte Nacional, sería la apoteosis del picapleitismo criollo. Mientras tanto, los jueces del máximo tribunal de la justicia ecuatoriana, que suena importante pero no es decir mucho, basta con oírles hablar, se encuentran a punto de zambullirse de cabeza en un ridículo sin retorno: preparan una consulta a la Procuraduría, sobre cómo deben elegir a su presidente, porque no lo saben. (Complete la información en diario Expreso)

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