Imaginarnos al nuevo Contralor, el juez de cuentas del Estado, con una puntuación que no llega a los 88 puntos sobre 100 significa que los postulantes son de baja calidad. Lo único que sembrará el nuevo contralor es dudas, opinó Juan Cuvi al analizar el proceso para designar Contralor General del Estado Ecuatoriano.
Imaginarse que en un concurso donde inician 103 postulantes, terminen 42 es otra medida de la forma en que se lleva adelante una nominación carente de transparencia y de muchas vacilaciones. La disputa por ese puesto se ha vuelto también en una guerra de intereses espurios, expuso Cuvi.
El proceso lo lleva adelante el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, CPCCS, también envuelto en la falta de transparencia que se inició al elegirse. Imaginarse lo que significa una elección a este organismo con más o menos un 12% de votación, da la medida de la ilegitimidad con que asume funciones, razonó Juan Cuvi.
Los miembros del CPCCS también están cuestionados, no cumplen con el elemental principio de generar confianza. Ahora también tambalean en sus puestos por sus actuaciones reñidas con la Ley. La Corte de Justicia deberá votar si se quedan o no en el puesto.
Pero pasa que la politiquería se ha enseñoreado de las instituciones, la disputa se vuelve una guerra de intereses espurios donde la administración de justicia es otro agujero negro, según nuestro analista.
La Corte no puede esperar ni un minuto más, debería hacer una “carambola” que permitiría subrayar dos cosas al mismo tiempo: destituir a los miembros del CPCCS, que limpiaría al menos en parte el deterioro de esta institución que en la práctica debe desaparecer; y, también frenará la designación de nuevo Contralor, cuyo único punto claro es que responde a un proceso completamente opaco, viciado.
