El río Puyo, el de siempre, no morirá

Por: Violeta Jácome Ruiz Nunca es tarde para respetar la naturaleza porque eso es respetar nuestra existencia, de ninguna manera se puede priorizar lo uno en detrimento de la vida, nada mejor que el equilibrio.

Bien sabemos todos los pastacenses que por su capital Puyo bordea un río, caudaloso, fuerte, limpio, como lo conocieron sus nativos, así lo conocieron también los primeros colonos que llegaron hace más de un siglo, así conocimos nosotros sus descendientes, siempre hizo honor a su nombre en las tardes cuando el sol todavía alumbraba comenzaba la transparente neblina a tomar el rumbo sobre sus aguas igualmente , cuando las lluvias no cesaban pronto se volvía imponente con su caudal que a veces bordeaba el puente colgante para nosotros los niños era un espectáculo maravilloso mientras los adultos tenían la preocupación de que si avanza más la crecida se lo llevaría.
Quienes nacimos y crecimos en ese paraíso el puente colgante era un hermoso icono de la ciudad, ir a saltar para que se mueva de un lado a otro, correr con la velocidad que nuestro frágil cuerpo lo permitía era una de las enormes alegrías, todo esto durante el día, por el atardecer nos causaba temor, era el camino obligado para el primer cementerio, también camino obligado para ir al cuartel de la paz, abandonado por los militares después de la guerra de 1941, y su casa algún día había desaparecido y todo era un impenetrable monte.
Para nuestros padres y nosotros hijos de los colonos con fincas en la vía Curaray era el camino obligado, por allí salían los productos como panela , aguardiente, ganado que vendían a los matarifes, era la única vía hasta cuando en 1956 los colonos con apoyo del consejo provincial que colaboró con el material pétreo trabajaron con la mano de obra logrando la vía carrosable desde el kilómetro 2,5 de la vía Puyo-Napo hacia la derecha, constituyendo un enorme avance, se terminó la jornada larga por el camino a pie en los empalizados, la movilidad solo a caballo, la distancia se acortó considerablemente y el ambiente cambió para bien.
El único balneario que poseía Puyo era el del rio, algunos metros antes del puente colgante, tenía graderío que no muy seguido se perdía por las crecidas del río, allí aprendimos a nadar todos los niños, nuestros maestros, compañeros de más edad y en consecuencia con más experiencia, allí también hacían gala de sus destrezas los militares de la brigada del Batallón de Selva N 21 radicados en Shell, niños, jóvenes y adultos acudíamos especialmente sábado y domingo a nadar, aguas limpias, corrientes generosas que nos permitían deslizarnos con total confianza, era el lugar maravilloso para encontrarnos entre compañeros de escuela o colegio, hacer concursos de velocidad al cruzarnos el río de ida y vuelta, que espectáculo tan imponente era contemplar después de la lluvia la corriente que con gran velocidad bajaba hasta perderse en la curva hoy totalmente habitada y partes del río están rellenadas.
No sé si el puente se cayó o lo botaron, pero ese era un icono de turismo, de recuerdo del trabajo del ejército el 1936, el cuidado que algunas personas le dieron cambiando los tablones cuando estaban rotos, tomarse una foto sobre él constituía un maravilloso recuerdo.
Nunca es tarde para respetar la naturaleza porque eso es respetar nuestra existencia, de ninguna manera se puede priorizar lo uno en detrimento de la vida, nada mejor que el equilibrio.
Saludo con enorme gratitud a los habitantes de Puyo generosamente empeñados por la vida de nuestro icono de naturaleza viva.
Amemos al Rio Puyo, amémoslo para siempre, desde hoy hagamos un pacto de vida por él, por lo que representó para las generaciones milenarias, sus dueños naturales, por su presencia desde siempre, por lo que representa para el planeta.

(Foto: familia escobar-1956)

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